viernes, 14 de diciembre de 2007

Toma Uno (Última Parte)

3 AL 5 DE JUNIO 2006

Al fin, el fin.. No queda mucho que narrar, pero no digo que no sea importante. La idea es terminar de una vez por todas en un compendio revuelto de los últimos tres días.

La noche del viernes hubo un conflicto masivo, gente inescrupulosa que no sabe guardar sus comentarios decidió reclamar por cosas inútiles que no tenían sentido. Un grupo de mujeres que recién se integraba a la situación comenzó a criticar todo lo que les fuera posible, para peor se dedicaron precisamente a encarar a los jefes designados (autodesignados no importaba porque hacían su labor). Terminó peor de lo que todos esperaban, los encargados se autoecharon porque se sintieron menospreciados (además de cansados) y nadie quería hacer nada después de eso. En esos instantes el Cedeal quedaba a la deriva en una terrible situación, no había autoridad, no había nada y fue la segunda vez que nos dimos cuenta que no llegaríamos a ninguna parte encerrados en nuestro propio colegio. Después la discusión terminó, pero todo siguió como antes.

La noche del sábado se describe como paranoia extrema. Todos tenían la extraña sensación de estar siendo vigilados, en palabras comunes “perseguidos”. Los pseudos-neonazis rondaban con su jeep blanco listos con sus nazipiedras y nazifusiles a disparar a quien se asomase a la ventana.

En lo que me respecta, fue la noche más extraña de mi vida. Todos hablaban en voz baja para no hacer ruido, pocos andaban por los pasillos y no se qué loca me gritó “¡sale de la ventana que te pueden disparar en la cabeza!”. Nunca supe porqué nadie estaba de pie y el ambiente tan silencioso, si era por la extraña sensación de un ataque armado o para no despertar a las monjas. Lo peor de todo es que el auditorio estaba cerrado y solo anhelaba quedarme dormido viendo televisión.

Fui designado a ir a una reunión de dirigentes estudiantiles el domingo en la mañana en un liceo al cual nunca me importó su nombre, solo estaba allí por mera formalidad. Me acompañó un joven de cuarto, Saulo, quién terminó hablando con sus amigos dejándome tristemente abandonado y como un loser anotando las cosas que decían. Cuatro personajes habían viajado a santiago representando a la región regresando con noticias predecibles, frases de consolación del gobierno. Nada nuevo, absolutamente nada importante comuniqué a mi jefa al regresar de mi inútil estancia en aquel liceo, lo que me importaba en ese momento era comer.

En el auditorio del tercer piso, luego de una improvisada reunión que ocurrió el día domingo cuando entre todos (casi todos) se decidió terminar el gran fraude que nos mantuvo ilusionados de participar en algo que representaba la voz estudiantil, una esperanza loca por mejorar la educación, a cuestas de la fuerza (en este caso no hubo) y a favor de algo más próspero para los alumnos de cursos inferiores quienes estudien en el futuro.

Esa misma noche, el auditorio no fue utilizado para ninguna reunión, cada asiento era un WC destinado a soportar el trasero de quien veía el dvd del indio y el flaco. Un ambiente mucho más relajado, donde no quedaba nadie que no se cagara de risa. Eso fue lo último interesante, porque al día siguiente debíamos irnos a nuestros hogares, a dormir y a dormir durante un lunes feriado que perdimos y ganamos por una toma que no tuvo segunda parte, ya sea por el conflicto a nivel nacional o por el olor a sexo de las salas-dormitorios.

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